Wing Shop

Tengo la curiosa costumbre de  llevar a las conversaciones más casuales quotes o anécdotas audiovisuales que han perforado mi memoria; en traer a la mesa fragmentos de películas, series y cortos que me dejaron con la cabeza en Júpiter. Muchas veces por sus giros de tuerca, por la complejidad técnica con la que fueron producidas, por lo mordaz del guion, por cómo me hicieron sentir, por lo que me recordaron y, muchas veces, por lo hermosas o devastadoras que fueron.

Así soy a veces, incontrolablemente intensa y ligeramente dramática, me gusta escribir cuando encuentro algo que me despierta los sentidos.

Con Wing Shop me ocurrió que con el encuadre número 1 que surgió de la pantalla; un segundo y ya tenía mi absoluta y total atención. Un cortometraje refrescante construido de una manera tan artesanal, que te deja con la boca abierta, donde los detalles nos transportan al interior del elegante taller de una misteriosa madame que ahí nos espera. La selección de la paleta de color y los detalles en el diseño de producción  nos van dando pistas sobre la pericia de este enigmático y digno personaje,  de manera sutil, presentado de una manera atrapante.

El cortometraje nos muestra a nuestro protagonista, Pedro, una joven y tímida polilla con un deseo que le carcome las alas, buscando en el interior de la maravillosa tienda de Madame Spider una solución a sus problemas: cambiar, “ser diferente”. Un pensamiento con el que muchos podemos identificarnos en distintas etapas de la vida; este deseo de ser más, de buscar esa perfección que nos haga, al fin, llegar a la aceptación y, por lo tanto, a la felicidad. Es muy curioso cómo se crea una inmediata sinapsis en mi cabeza al mirar los enormes ojos de esta pequeña polilla animada, pues humaniza una de las obsesiones más incrustadas en el ser humano.

La necesidad de cambiar hace que Pedro se enfrente con miedo a Madame Spider, una orgullosa araña sastre, quien termina por aceptar remover las alas de nuestro personaje y comenzar con el proceso de buscarle otras más “perfectas” para lograr ser el objetivo ” Ser diferente.”

La tensión avanza, la duda crece y en un inesperado momento de lucidez, Pedro reacciona y decide en el último minuto que desea parar con esta idea, sin embargo en un desafortunado accidente, rasga una de sus alas, haciendo que queden rotas. En todo este momento de tensión, la actitud de la hábil araña cambia a una preocupación total y le promete a Pedro ayudarle a repararla. Con sumo cuidado y atención, toma un hilo brillante que remite a la técnica y filosofía japonesa de reparar cerámica con polvo de oro y resina (kintsugi), creando una pieza restaurada que, a pesar de sus daños, termina siendo aún más valiosa y hermosa.

Así termina este cortometraje que, con pocos minutos, nos sirve a nosotros mismos como un recordatorio de que nuestras cicatrices no son una imperfección: terminan forjando lo que somos y haciéndonos más fuertes, más hermosos y más reales.

Así con este proyecto cinematográfico que pude ver en el marco del Festival de Cine Internacional de Morelia es liderado por la visión audiovisual de Andrea León no queda más que sentir emoción y orgullo por este cortometraje y celebrar a la creadora audiovisual y a su equipo.

 

    
Scroll al inicio